Marcela Calderón Bony
Originaria de un pueblo alfarero, ubicado en la meseta purépecha (Patamban, Michoacán), Marcela creció influenciada por el barro y desde muy temprana edad comenzó a trabajar con los artesanos del pueblo. Este conocimiento adquirido desde su niñez la llevó de manera casi instintiva a escoger el oficio y si hay algo que distingue a Marcela Calderón de la mayoría de los ceramistas contemporáneos es su quehacer técnico de alfarera tradicional de Patamban. Aprendió a utilizar los materiales locales (el barro, las arcillas, tales como la charanda) y adoptó la técnica tradicional tanto para la hechura de las piezas (aplanado del barro con piedra, hechura con moldes de forja) como sus acabados finales (bruñido decorado con pínceles de cola de burra o ardilla) reutilizando la iconografía de la región y las formas tradicionales del pueblo.
En su formación como artista plástica se especializó primero en la técnica del grabado en metal con dibujos de animales, tema que reforzará al final de sus estudios sosteniendo una tesis donde comparaba la representación animal en algunos códices prehispánicos con la de antiguos bestiarios medievales. Este trabajo la transportó a un mundo de representación animal fantástica y mitológica que logró mezclar con las historias de su pueblo que a través del animal reflejan sus vicios y virtudes y sobre todo hablan de la sexualidad.